Sobre el artista


Pintura y espiritualidad

La pintura de la artista ibicenca Romanie es producto del trabajo interior que realiza la artista cada vez que coge los pinceles. Los motivos y patrones son herencia de la infancia vivida la Ibiza rural de los años setenta, mientras que los temas plasmados surgen de una búsqueda espiritual continuada. Para ella la pintura es más un medio que un fin. Pinta por necesidad espiritual.
Los cuadros van tomando forma en la medida que la artista establece un dialogo interno y lo relaciona con aquello que su mano va pintando libremente sobre la blanca superficie del lienzo o tabla. Las primeras pinceladas son lanzadas al azar, desde el subconsciente, hasta que aparecen las primeras formas definidas; a partir de ellas inicia una relación de ideas, emociones y debates internos, tras lo cual van apareciendo imágenes reconocibles que representan los resultados de su búsqueda. En su obra encontramos mucha simbología esotérica; el esoterismo forma parte del camino vital de la artista.
Romanie empezó a exponer su obra en 2001 y pinta prácticamente todos los día en su casa de campo de Ibiza. Cuando viaja pinta en sus cuadernos de viaje y reúne impresiones e imágenes que van apareciendo en obras posteriores.

Romanie in 1986

Romanie en 1986

Sobre el arte


Pintar es una necesidad para mantenerme equilibrada entre este mundo y el “interior”. Cuando empiezo a pintar un cuadro, normalmente no sé a dónde me llevará. Pinto desde el subconsciente, dejándole crear formas y elegir colores sin censurarlo, sin hacer juicios de valor al respecto ni pretendiendo darles una dirección definida. Mientras hago esto normalmente escucho música que ayuda a mi mente a alejarse del parloteo diario en la cabeza. Viene a ser una especie de meditación. Los pensamientos me vienen y se van y a veces los veo pasar y otras no. Intento no quedarme atada a ninguno de ellos, solo observar.

Llega un momento en este proceso en el que paro y miro el cuadro como un todo. Lo empiezo a cuestionar. Este es el momento en el que uso mi libreta y comienza un diálogo con el cuadro, ¿De dónde vienes? ¿Qué me quieres decir? ¿Qué es aquello? ¿Qué relación hay entre esto y aquello? Escribo de forma automática. Salen palabras, preguntas, respuestas, varias respuestas a una misma pregunta etc…A esto le sigue la aportación de mi mente naturalmente asociativa que toma acción en interpretar todos estos elementos que han surgido tanto pictóricamente como a través de la palabra y empieza a encontrar un hilo conductor que los una. Aquí es cuando se empieza a definir lo que al final reconocemos como el cuadro en su estadio final.

Sigo pintando, pero ya estoy definiendo la realidad que se me ha revelado, lo traduzco a formas que reconozco de este mundo. Esta fase es la que más tiempo abarca, donde el cuadro se empieza a llenar de detalles dentro de detalles. Este proceso vuelve a ser otra forma de meditación de nuevo. A través de la repetición encuentro la manera de quitarme de en medio del proceso.

Alguna vez me han venido ideas para hacer un cuadro. Ya veía el cuadro en mi cabeza. Cuando he intentado pintar un cuadro desde la visualización previa de una idea nunca he conseguido acabar ninguno de ellos. Al ver en mi cabeza el resultado final no encuentro la magia en el proceso de crearlo. Me aburro. Lo aparto y nunca lo acabo.

Romanie's Signature

Foto © Niki Witoszynskyj